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lunes, abril 30, 2007

Rocío Silva y Alonso Cueto sobre Watanabe

Ayer en Domingo de La República Rocío Silva Santisteban dedicó su Kolumna Okupa a la memoria de José Watanabe. "Le gustaban las palabras con diéresis. Lengüita, por ejemplo. Y las fábulas de animales, insectos y pescados. Cuando reía, codeaba al que estaba parado al costado, y alargaba el labio inferior cuando se resentía por algo, como haciendo un puchero. Y le sacaba poesía hasta a las piedras. Escribió una de las obras de teatro más políticas de los años 90, basada en una tragedia griega, Antígona, que Teresa Ralli interpretó de manera magistral. Y posteriormente, como negando en los hechos su reputado agnosticismo, escribió sobre el Verbo hecho carne: Habitó entre nosotros. Watanabe quizás haya sido un hombre difícil, no lo sé, trabajé con él escribiendo decenas de hojas deleznables, y siempre mantuvo una profesionalidad que yo envidiaba. Aun en el más banal de todos los trabajos, Watanabe asumía los riesgos, y se comía por completo la historia, retorciéndose con el dolor de sus personajes y gozando con sus diálogos mejor logrados. Este texto les parecerá a algunos una canonización de Watanabe, el obituario que termina en elegía, la historia convertida en hagiografía. No me importa. Como dijo alguien hace mucho tiempo, y estoy convencida de tal hecho, todos los poetas son santos", escribe. Por su parte, hoy en Perú 21 Alonso Cueto publica el artículo "La mirada de José Watanabe". "Mientras estoy en el velorio con algunos de sus amigos, recuerdo la última conversación -por teléfono- que tuve con él hace tres semanas. En su charla flotaba el tono parco y afectuoso, medido y emotivo, que hay en su obra y que creo que fue la marca de su vida. Recuerdo paseos juntos tarde en la noche por Miraflores y encuentros fortuitos, siempre agradables para mí, en lugares públicos. El arte de dedicar libros, por cierto, no era la menor de sus cualidades. Nunca había visto dedicatorias tan sobrias y conmovedoras como las suyas. Un grupo de magníficos músicos junto a su ataúd me recuerda que el folclor fue una de sus grandes aficiones. Micaela Chirif, su gran compañera, sus amigos y conocidos, estamos juntos. Seguiremos así en los grandes versos de estos siete libros. Inscrita en su poesía, su mirada nos va a ayudar a seguir apreciando, admirando, asombrándonos del mundo", afirma.

En la foto: José Watanabe.